Vivimos en una pequeña isla compacta y versátil. En 30 minutos podemos estar rodeados de áridas dunas de arena, y en el mismo tiempo, en otra dirección, atravesar un frondoso pinar.
Salir de la capital y pasear, en cualquier estación del año, por las medianías de nuestra isla, es todo un regalo para los sentidos. Poderlo hacer montado en un caballo, es una experiencia única y especial.
El cambio de perspectiva, el contacto directo con el animal y con la naturaleza nos aporta bienestar, ya que nos permite conectar con nosotros mismos . Desconectar de lo superfluo para conectar con lo vital, yo y mi caballo, ahora, en este momento. Todo mis sentidos puestos en conducir a mi nuevo compañero, por el camino que me lleva a explorar esta mágica Montaña. 
La montaña nunca es la misma, siempre cambia,  y el jinete o amazona ,que la visita, también cambia. Suben los miedos, las inseguridades y bajan las energía renovadas y la seguridad .
No importa las veces que se suba siempre volvemos con un regalo.

Publicado: 14 de Agosto de 2015 a las 11:48